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lunes, 24 de septiembre de 2012

El fracaso del PAN


El fracaso del PAN no es haber perdido estrepitosamente las elecciones de 2012. Es más profundo, y la responsabilidad de los que lo llevaron adonde está es alta. Lo que hicieron es dar la espalda a sus principios fundacionales y a su historia, y dejar al país en peores condiciones que cuando lo recibieron hace dos sexenios, al asumir la titularidad del Poder Ejecutivo federal.

El 14 de septiembre de 1939 se fundó el partido, pensado por sus fundadores como una escuela de ciudadanía e instrumento para que los votantes tuvieran posibilidad de optar por un partido diferente al oficial. Sus más destacados militantes de la primera hora fueron profesionistas destacados, universitarios, entre ellos abogados, médicos, arquitectos, ingenieros, algunos banqueros, educadores de prestigio; muchos estudiantes de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos y algunas damas circunspectas y bien educadas.

El objetivo del partido era formar ciudadanos a fuerza de tomar la palabra al sistema y participar en elecciones cada vez que se convocaba a ellas; su meta, servir a México educando para la democracia, suplir el caudillismo con una organización permanente sostenida en principios e independiente del sistema en lo económico y en lo político.

Los recursos eran pocos, pero había una militancia convencida y entusiasta que no recibía salario alguno por el trabajo proselitista; dirigentes y militantes colaboraban con su tiempo, sus vehículos, sus casas y oficinas, y mucha actividad voluntaria no remunerada. La diferencia con los operarios del PRI era que éstos aspiraban a ser burócratas o ya lo eran y los panistas trabajaban por convicción y patriotismo.

Un punto fundamental de carácter estratégico consistía en no aceptar subsidio oficial; el partido contaba con el trabajo voluntario y sus gastos se cubrían con cuotas de los pocos diputados, con rifas y aportaciones de simpatizantes.

Cuando la expropiación de la banca, en 1982, los empresarios que habían sido aliados permanentes del partido oficial se sintieron traicionados y buscaron un espacio partidista para hacer política, diferente a la del cabildeo y las antesalas que habían hecho por años. Encontraron para ello un PAN abierto, que los recibió no sin ingenuidad y buena fe, sin sospechar que muy pronto entrarían en componendas con el oficialismo que decían combatir. La aceptación del subsidio, la llegada de los empresarios, de los llamados bárbaros del norte, pragmáticos y poco versados en la doctrina y en los principios filosóficos del panismo, hizo que éste iniciara una carrera cuesta abajo en cuanto a integridad e independencia, que está tocando fondo.

Se recibió el subsidio, se admitió personal pagado por los empresarios y sus cámaras, y los acuerdos de los cuerpos colegiados se empezaron a tomar por consigna y previos compromisos. En la buena época, todos llegaban a los consejos y asambleas, abiertos a los debates para convencer y convencerse de lo mejor para la institución y votar en consecuencia con toda libertad; la directiva pactó con el sistema y entró en la turbiedad de las concertacesiones, que ablandaron al partido y lo acercaron a lo que ahora es. Los panistas de la cúpula acordaban con Salinas, con Camacho, con Gutiérrez Barrios, como parte del engranaje oficial. Cuando finalmente llegaron al poder, con Vicente Fox, se abrió la posibilidad de un cambio de fondo y un avance a la democracia, pero el panorama se tornó oscuro y tramposo; el candidato Fox fue popular y su figura, simpática, pero la campaña resultó muy costosa, en manos de sus amigos, quienes manejaron fuera de las cajas y la contabilidad del partido cuantiosos recursos de procedencia diversa, como fue denunciado entonces en el Congreso.

Las esperanzas de un cambio de fondo en la política nacional se desvanecieron entonces, dando lugar a la desilusión, por la torpeza del presidente, la ambición de su cónyuge y los hijos de ésta y la falta de consistencia doctrinaria. La corrupción no fue combatida, sino por el contrario, imitada y superada; cuando llegó con un gran fraude electoral el actual Presidente, la política de gobernar para los negocios y los negociantes se mantuvo y se incrementó. La nota agravante agregada fue declarar la absurda guerra que tantas muertes y atropellos ha provocado; el pueblo quedó en medio del combate y la delincuencia se incrementó en lugar de disminuir; los abusos, la violencia y el miedo alcanzan límites antes insospechados.

En el poder, el partido echó por la borda sus principios y mostró ineptitud y codicia. En estos 12 años se perdió soberanía en el país, aumentó la corrupción y se acrecentó la injusticia; el fracaso es evidente. Sin embargo, no es imposible que resurja si vuelve a sus orígenes y mantiene fidelidad a los principios de doctrina; algunos de sus mejores militantes así lo reclaman y así lo proponen. Las personas somos perfectibles y, por tanto, también las instituciones que formamos.

Fuente:La Jornada
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